Cuando bajar del bus ya no es un momento normal
Muchas veces he estado pensando en lo que pasé. Voy a contar mi experiencia que he tenido hasta ahora, porque solo así puedo complementar y expandir lo que viví aquel día en el que mi vida giró en seco sin que yo lo viera venir. Resulta que cuando me fui a pasar un fin de semana a Bogotá, compartí con mi familia, me divertí, me reí, respiré distinto. Venía con las mejores actitudes para empezar a trabajar el martes 18 de noviembre en la noche. Pero a veces la vida le enseña a uno en modo duro, complejo y doloroso, como si quisiera dejar la lección tatuada en hueso. Decidí ahorrar unos pesos. En vez de taxi, tomé un bus. Las motos no me agarraban por Indriver, así que pensé: “Bueno, agarro el bus, me bajo, tomo una moto y llego. Económico, práctico, todo bien.” Eso creí yo. Pero cuando fui a bajarme del bus, la vida me dijo: “Quietica ahí”. Al poner el pie en el piso sentí el dolor más intenso que he sentido. Un rayo que me partió la respiración. Para no caer...






